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Las enseñanzas de Don Juan

Cuando tenía dieciocho años ataqué la colección de Carlos Castañeda y me devoré todos sus libros uno por uno. No soy metafísicamente jodida en vano, este fuego interior siempre incineró todas mis curiosidades con respecto a las verdades universales y personales de nuestra existencia.

Verdades que este sistema se ha empeñado en ocultar, poniéndole una mordaza a nuestro desarrollo perceptivo para así anular nuestras capacidades instintivas de utilizar el resto de nuestro cerebro en cautiverio. 

Desinfectando ciclovías

Hace once meses que estoy arrancando carteles de “no salgas sin el trapo”, pegando panfletos informativos de las torres 5G, tomando C D S para desparasitarme del gen covidiota que plagó la city, y con los auriculares puestos las veinticuatro horas cancelando infiernos con bozal puesto. Intentando abanicarme con la estupidez quemando aceite hasta que un rayo catalizador los queme a todos con sus puñeteros distanciamientos sociales y alcoholes en gel.

El amor en los tiempos del Tinder

Anoche me fui a dormir y sin querer dejé el teléfono prendido en la cocina. Para mi desgracia, (o beneficio como bloguera) sonó a las doce de la noche cuando estaba en el tercer sueño cambiándole el pañal a un mapache y sacando entradas para ver a AC/DC. Salté de la cama, me saqué el mordillo de la boca, le venda para los ojos, los tapones de los oídos y corrí hacia la mesa asegurándome que no fuere una urgencia.

La pantalla decía Mariana. Para situarlos en tiempo y espacio, Mariana tiene cuarenta años, está divorciada sin hijos y parece una modelo. Tiene un pelo negro azabache que creo que si tuviera una cuenta en Instagram haría fortuna con solo mover la cabeza batiendo las crines. 

Hisopados anales

Lo que estamos viviendo me recuerda a Les Luthiers, solamente que cuando empezó el show me lo pusieron a Jorge Corona en vez de el grupo humorístico para el que yo me subscribí. 

No podemos decir que llegamos hasta acá por no ser los alumnos ejemplares mas idiotas del sistema solar.

Por eso hoy les pido un solo favor: dejen de enviarme fotos de los chinos con los pantalones en la rodilla y la nalga al aire. 

En cambio, trescientos traseros blancos después, recibí otra foto de otro chino sacando sus nalgas por la ventanilla para un hisopado drive-in.

Espero que no pida un Frapuccino de Starbucks por esa misma ventanilla. 

Implácido Domingo

 

En una ciudad llena de demócratas embozalados, con la monogamia en crisis y toda la actividad cultural clausurada, estoy como mi acuarela de la infancia del Topo Gigio: no la quiere nadie. 

 

—¡Tirá eso que ya pasaron treinta años, Cecilia! me gritaba mi mamá en una de las catorce mudanzas con mis pinturas en la mano. 

 

Lo viejo dejó de seducir, y aunque mi madre solo se refería a mis garabatos, sus palabras me recordaron a la inconsistencia de los tiempos que corren. Como la monogamia, que tampoco la eligen muchos porque el compromiso pasó de moda—junto con todas las aplicaciones tecnológicas que se destrozan entre sí cuando sale alguna mejor—.