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Querido 2020

Empezaste el año derrapando con un  v i r u s  chino, sumergiste al mundo  entero a la corrupción totalitaria del comunismo, separaste familias y asesinaste gente con respiradores. Fundiste empresas y negocios, duplicaste la pobreza y creaste una vacuna que cumple la función de destruirnos genéticamente. Inauguraste las torres cinco G para asegurarte de que si nuestros anticuerpos nos defienden de la vacuna, la radiación de la torre no. Nos encerraste en una prisión domiciliaria apuntándonos la sien con los medios masivos, y cuando nos dejabas salir, tenía que ser con un bozal puesto para que te demostráramos que nosotros te obedecíamos. Nos esclavizaste sin ensuciarte las manos, una jugada tan sucia como tu trabajo fino de estudiarte el comportamiento de una masa sin criterio. 

Carta para una generación perdida

Querida generación de idiotas, en algún momento les tenía que dedicar unas lineas, no porque las vayan a leer—ya que no pueden sostener la atención más de diez segundos—, sino porque tengo la esperanza de que mis palabras tengan el poder de aplastarlos contra sus pantallas digitales y apartarlos del mundo al que creen pertenecer. Pensándose originales por el simple hecho de existir, cuando no han hecho nada innovador, más que vivir del esfuerzo de generaciones pasadas que han trabajado sin parar para que ustedes se acrediten el rango. Una hipermasificación de imbéciles que se creen con más derechos porque nacieron en una década en donde no tuvieron que hacer ningún esfuerzo para conseguir lo que querían. Apretando una tecla, inventando un personaje “online” que les ha servido para desestabilizar la propia identidad, flotando al margen de la realidad. Proyectando un superhéroe que lo único que ha logrado es virtualizar las relaciones personales. Evadiendo la intimidad y el compromiso que significa un verdadero vínculo. 

El aborto y sus lobistas

Cuando estudié mi carrera en Periodismo y Comunicación, el grupo académico que dirigía las clases nos instaba a que siempre investigáramos por cuenta propia antes de sacar conclusiones precipitadas. Pero nunca nos decían que siguiéramos al dinero para evaluar las verdaderas intenciones de los movimientos que se llevaban a cabo en distintos puntos del país. Esto lo aprendi de grande, cuando dejé de comerme las trampas que la educación quiso imponer sobre mi permeable inocencia. El adoctrinamiento no se la llevó fácil conmigo, ya que a diferencia del resto de los estudiantes—traga libros y chupamedias—, yo había nacido rebelde, y mi naturaleza me salvó de la programación radical de querer borrarme la inteligencia de a poco para convertirme en un peón del sistema: sumisa y obediente. 

Caballo de Troya

 

Siento que este fin de semana—entre la ley Marcial y las apuestas en el mercado financiero por el agua—me la voy a pasar stockeandome para los próximos tres años. ¿Dije tres años? Nah, esto explota mucho antes.

El tema es que cuándo explote me agarre con el bowl de pochoclo (a tu salud Gustavo) y un botellón de agua alcalina en la mano. 

No sé si escribir sobre la era de Acuario, que empieza el veintiuno de diciembre, si mencionar a Júpiter y Saturno como los responsables del devenir, o si decirles que se abrochen los cinturones porque este safari nos va a dejar a todos con un león en el techo y cuatro ruedas panza arriba. Se vienen tiempos lapidarios, y mi termómetro es la ignorancia de los demócratas frente a todas las causas penales y jurídicas que estamos atravesando. Desde el arresto de empresarios manejando organizaciones de tráfico de niños, hasta máquinas tecnológicas manipulando votos (en el mundo entero). Vacunas que están matando gente y gente que está matando pacientes. No solo hay videos clandestinos de cómo el cuerpo médico está colaborando para este genocidio, sino que soy testigo de un conocido que confirma el asesinato de su abuelo internado por una gastritis. Abogados, psicólogos y médicos por la verdad en el mundo entero luchando contra la masacre más grande la historia: una gripe.

Polémica en consultorio dental

Turno con la dentista. Rompí la placa de relajación de los nervios de no encajar en este planeta. Cuando pensé que limarme los dientes por la situación actual era suficiente, llega la odontóloga pidiéndome que por favor me suba el bozal hasta cubrirme la nariz. Se sienta a mi lado y me empieza a dar una clase de epidemiología que jamás le pedí. Me cuenta que si pudo superar la década de el HIV, esto también pasará.