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A la chingada

Anoche después de siete meses, ciento ocho peleas callejeras, un falso título de médica para defender el oxígeno y una hoguera quemando zombies, salí a pasear por las calles de San Francisco. Convencida de que iba a enfrentarme con una ciudad desolada, dirigida por una pseudo liberalidad a cargo de un gobernador que acaba de legalizar la pedofilia, ¡las calles estaban llenas de gente! Hacía desde 1992—en donde me gané un trofeo en hockey—que no estaba tan contenta. Flameando mi sonrisa  a todo portador asintomático, recuperé mi esperanza. En un mundo donde quieren cambiar la palabra por munda, ayer toqué el cielo estrellado de La Marina—el barrio donde me encontraba viendo como la gente cenaba sin bozal puesto. Tomaban cervezas y hasta fumaban cigarrillos. Nunca pensé que iba a felicitar a un fumador por tragar humo, pero perder la libertad es mucho más costoso que perder un pulmón. Nos guiñamos el ojo y súbito lo agregué en mi lista de activistas para cuando la estupidez se vaya al tacho nuevamente.

Siglo XXI

Hablando con mi vecino—después de tres años de compartir la medianera, preguntas de fusibles explotados y cuestionamientos sobre la manipulación de los factores climáticos—, me arrinconó contra el felpudo de la entrada reclamando explicaciones sobre mi estado civil. 

 

—Ceci, ¿por qué estás soltera? 

 

—Porque la matemática no falla. Quiero uno con 80% alma, 20% ego y agregale sentido del humor a la fogata y está más difícil de encontrar que el cuerpo de John F. Kennedy Jr. 

 

—¿Alma? No sé a qué te referís con eso.

Doscientos años de historia

El Golden Gate es el puente con más suicidios del mundo, se tira tanta gente tan seguido que tuvieron que poner un alambrado para que al menos matarse les costara un poquito. Doy fe, he pasado con mi bicicleta y lo he visto con mis propios ojos. Al principio sentí mucha pena, pero después llegué a la conclusión de que este planeta no es para cualquiera. El nivel de purgación que experimentamos en este plano es lapidario. Las pruebas no las pasa cualquiera y para ganarte la felicidad tenés que dejar de buscarla. Un cóctel tan sofisticado que para navegarlo sin pegarte un tiro tenés que saber un poco de filosofía, psicología reversa, medicina homeopática, sánscrito, Tai chi, meditación y política. 

Barbijo-free

Nada como salir a andar en bicicleta y tener todo el carril para mí porque la gente se dobleencerró con el aire contaminado de los incendios. 

Toman agua con flúor, consumen alimentos con pesticidas y están rodeados de portales radioactivos, pero el humito supongo que les dará un edema pulmonar. Los pocos vecinos que me pasaban a cincuenta kilómetros por hora me saludaban sin máscara solidificando la amistad de  los sin miedo. Libres y exentos.

Apocalipsis Now

 

Esta mañana me asomé por la ventana y había nevado—cenizas de los incendios. Cielo rojo, doble barbijeados, distancia social más humo, periodistas presos por opinar libremente y vacunas testeadas en nuestros queridos defensores de la patria que murieron con la aguja puesta.

Tengo una mala noticia: van a seguir muriéndose muchos más; unos por necios y otros por honestos. La vara es tan alta como la grieta.