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La insoportable levedad del no ser

El Uber había doblado irracionalmente, obligando a Helena a sentir que no todo estaba perdido, todavía quedaba gente que sabía manejar.

Eran cinco en el vehículo; Landon, un inglés de Manchester, arruinado por las presiones familiares y destacado exitoso en asuntos laborales—como terminan siendo muchos de los que viven del pellejo para afuera. Zack, norteamericano de Montana con los valores más tradicionales que te podés echar a la cara. Ervin, de Iran, emigrante de una generación acomodada; promiscuo, seductor y confundiendo a las mujeres con su falta de compromiso. Tapando su ruido interno con un nido de palabras que utiliza para ahorcar a cada una de sus víctimas. 

Y por último Gabriella y Victoria, dos hermanas de la ciudad de la Amsterdam que decidieron mudarse a Estados Unidos cuando un tío de New Jersey le ofreció tramitarle los papeles para que permanecieran legales dentro del país.

 

— No lo festejes, Helena, en mi pueblo serías asesinado por conducir a más de veinticinco kilómetros por hora— asentó Zack.

 

— En tu ciudad serías asesinado si no creés en Dios y no llegás virgen al matrimonio, querido. Hablar de velocidad sería pasar a otro nivel— se jactó Helena. 

 

— Venir de un país tan liberal como es el tuyo no te da el derecho a ser soberbia, ya estás sonando como un norteamericano, tan orgulloso de su patria y por dentro son la familia más disfuncional del planeta— dijo Ervin. 

 

— Todas las culturas sufren alguna patología, lo que le falta a la una le sobra a la otra, estamos todos tan rotos y equivocados y responsabilizamos a un país por la falta de equilibrio. En la historia de la humanidad no ha habido calamidad más grande que ignorar que estamos todos hechos de lo mismo. Sufriendo algún síntoma heredado por nuestros ancestros que batallaban el desarraigo por el exilio. Está en nuestro ADN, sino preguntale a Landon, que su ciencia lo ha llevado a ser CEO de una compañía— se justificó H.

 

— No te voy a dar la derecha, nena, podemos estar analizando esto hasta quedarnos a oscuras, es más fácil ignorar las dolencias que afeitar al ego hasta dar con las respuestas. El problema es que vos querés debatir los asuntos hasta dejarlos hartos y que ellos te revelen el camino, y no hay soluciones, sino estaríamos en un mundo menos hostil y más servicial— dijo Landon.

 

— ¿Pensé qué la solución era trabajar compulsivamente para tapar los problemas existenciales, Landon?

 

— Todo hombre sabe su verdad, aunque parezca que lo ignora y ejercita su idiotez con sus pares. La superficialidad colapsa por la noche, cuando la mortaja viviente del silencio te crucifica por vivir una vida sin sentido.

 

— Tu dualidad es insoportable, Lan. ¿Tu mujer sabe con quién se casó? Interfirió Ervin.

 

— Casi nadie sabe con quien se casa, el matrimonio es a prueba de sabios, replicó Landon.

 

— Esto lo decís porque tu búsqueda te está llevando más tiempo que recolectar el dinero que juntaste para evitar enfrentarte con tu sinceridad; no culpes al matrimonio como el resto de los mortales por no haber hecho las cosas bien— dijo H.

 

— ¿Y eso qué implicaría? ¿Saber quiénes somos en el vasto y mentiroso mundo de la mente? No te engañes querida, somos perversos por naturaleza— Continuó Landon.

 

— Oh lord my lord, jamás lo negaría, pero no me sentencies por mantener la ilusión.

 

— De tu falso encuentro en un sitio que no incluye al espíritu. Explícame, ¿cómo vas a sobrevivir a una especie lapidaria como es la nuestra con tus aires de yogui primermundista?

 

— A lo mejor empezando por evitar residir un cuerpo sin propósito, como es el caso de nuestro amigo, Ervin, que explota a sus amantes para beneficios terrenales. Una especie de jet privado a estrenar, entra y sale mucha gente pero imposible habitarlo— continuó H mientras Gabriella le tocó el hombro para que lo dejara ya.

 

— Pero las mujeres que terminan conmigo no son engañadas, saben de mis asuntos de entrada y eso las deja elegir libremente. Casualmente a muchas les gusta el desafío y se quedan intentándolo todo. Yo sé que estoy jodido, pero estás mujeres que buscan un reto en el amor están más fragmentadas que yo— aseguró Ervin.

 

— Lo fragmentado es la insensatez para lograr tu objetivo. Tu especie se está reproduciendo a la velocidad de la luz. Temo que en el 2050 predominen solo cuerpos inertes con botones activados para recibir un cumplido. No espero un romántico final viniendo de tu descendencia, Ervin, pero sos la promesa de un futuro al que nadie se quiere asomar.

 

— Me han dicho muchas cosas, Helena, pero nunca que soy el futuro. Debo considerarme un innovador en el campo de las relaciones amorosas entonces, y algo debo estar haciendo bien porque mi teléfono no para de enviar señales.

 

— Del abuso de tu sensibilidad mal dirigida. ¡Y tantas mujeres se creen el guion! No estás recortado para evolucionar, Ervin, lo tuyo simplemente es no trascender los deseos físicos. Tengo que empezar a aceptar que tu vida será un desperdicio, intentaré convivir con ello.

 

— No sabés qué lección vino a practicar esta vuelta, Helena, dejalo en paz,  ya suficiente debe tener con mirarse al espejo y amarse tanto, dijo Landon en tono compasivo.

 

Llegaron a destino y se encerraron en el bar Vesuvio de la avenida Columbus. Ahogaron sus personalidades en el alcohol, y por unas breves horas silenciaron al roedor interno, aceptando la fatalidad de un plano tan denso como este, tan lleno de errores y a la vez tan brutalmente sutil. 

 

Ceci Castelli

 

 

 

 

 

 

 

 

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