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Un verano arriesgado

Hoy la temperatura llegó a 36 grados, digamos que no es el paraíso soñado al cual yo me subscribí. Estamos en el norte de California, nunca hace más de 21. Tuve una charla con el clima y lo único que me envió fue una llamada telefónica de Vito. Vito es una cita del pasado que tuve que abandonar porque su nivel de alcoholismo interfirió en la relación y todo se fue al tacho antes de lo previsto. Por no mencionar su pasado fiestero y sus drogas en la adolescencia. Pero Vito es así, espontáneo, y siempre me llamó por teléfono y me envió mensajes de texto haciéndose responsable de sus emociones y su sinceridad. 

Debo admitir que lo quiero, pero solo como amigo, ya que el pene de Vito ha estado en más lugares que el Dalai Lama, y a decir verdad, no estoy como para arriesgar una enfermedad en nombre del buen gusto, ya que es lindo y uno de los mejores besadores del Bay Area.

Me llamó para preguntarme si quería visitarlo con mi novio porque se fue a vivir a San Diego, le tuve que decir que esa relación no funcionó y que lo visitaría con una amiga. Claro está que Vito lo único que quiere es penetrarme, pero yo lo único que quiero es que me penetren las olas salvajes del mar del sur de california. 

Se alquiló un departamento en frente de la playa y me dijo que tiene dos habitaciones, una para él y otra para mi cuerpo bronceado y aburrido de dormir sola. Súbito la llamé a Jamie Lynn para no cometer el acto negligente de pedir un abrazo a medianoche mientras me hospedo en su hogar. Jamie, por supuesto que me contestó más rápido que la velocidad de un cometa Halley y si todo sale bien pronto le echaremos una visita. Él se puso muy contento y me preguntó si mi amiga era linda, le contesté que era casada y que Jamie tiene menos fiesta que un pelotero infantil— además de tener quince años más que él. El problema es que Jamie ronca, entonces a fuerza mayor probablemente tenga que pedirle a Vito que me haga un lugar en su cama por la madrugada. No quiero confundir nuestra amistad con los planes que él tiene conmigo; que de momento es casarnos y soportar un matrimonio largo y debatido, ya que él es del signo de Géminis y es más jodido que el fíat 600 de mi juventud. Terco, malhumorado y funcionado cuando se le da la gana. Nunca quise un Fiat 600, pero me lo regaló mi madre cuando era joven. Ahora puedo elegir…Y creo que quiero de un Jeep Compass para arriba. Algo que no me deje tirada por no entenderlo.

Amo viajar y creo que estás dos personas saben que merezco un fin de semana con las nalgas al sol quemando palo santo para cuando llegue la noche y me roben la sabana. 

Le pregunté si había conocido a alguien en todo este tiempo que estuvimos distanciados… Y con la alegría que lo caracteriza me contestó que está saliendo con tres mujeres a la vez pero que ninguna lo da vuelta. 

Vito es divorciado y nunca tuvo hijos; tiene cuenta y cinco años y admite que quiere una mujer bordeando a modelo con la inteligencia de un Tesla. Una combinación difícil de encontrar en el mundo que vivimos, pero él no pierde la esperanza— y el tiempo tampoco— de encontrarla.

 

— Con vos sentí que había encontrado todo, pero tenés mucho carácter y nunca me diste bola.

 

Acá es donde aparece el alcohol hablando por él. Ya que la pasábamos muy bien pero cuando se emborrachaba empezaba a los gritos en los restaurantes de San Fransisco haciendo el numerito de novio ofendido.

Trabajo en los medios, odiaría salir en la primera plana por todos los motivos equivocados.

 

— Cariño, vos y yo somos incompatibles, y la química no nos va a llevar al altar ni de coña.

 

— Cierto que estas con todo eso de la espiritualidad…¡Qué pesadilla! ¿Cómo es qué no te enganchas un novio en el templo que toma kombucha y le gusta la jardinería?

 

Debo admitirlo, su humor es uno exclusivo que no acepta la derrota bajo ningún punto de vista. Insistente, persuasivo, extrovertido y con el corazón en la manga—o lo poco que queda de el.

Vito ha sido uno de los pocos hombres con el cual he salido que me ha demostrado día y noche su intenso interés por mi compañía. Creo que por esto quiero mantenerlo en mi vida; que te mimen virtualmente hasta verte no es un dato menor. Mucho menos en los tiempo que corren.

Él se ha encargado de hacerme sentir querida las dieciséis horas del día, y si bien… he’s not the one, aprecio profundamente su apertura para apostar por el amor y no los juegos confusos que marean a las mujeres como yo y echan todo por la borda.

San Diego queda a dos horas de San Francisco. Y a Jamie Lynn también le queda a dos horas en coche desde Los Angeles, que es a donde vive.

Lo que quiero decir con esto es que siento el inicio de un buen verano, uno sin cochecitos, sin mamaderas, sin ex novios atormentándome los pensamientos y sin Netflix prometiéndome amor eterno por doce dólares mensuales.

Ragazzi…¡Nos vemos en la playa!

 

 

 

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