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Durmiendo con el enemigo

Anoche tuve muchas pesadillas: los símbolos que aprendí a leer entre lineas me atacaron mientras dormía. Volaban máscaras, esvásticas, perros con barbijos y hasta lo vi a Michael Jackson, con el mismo tapabocas de los años noventas amenazándome que dejara de escribir sobre las sociedades secretas. Necesito un novio urgente que me abrace por la noche y me proteja de la psicosis colectiva que estamos viviendo.

 

—Tu último novio era un psicópata, Ceci, no tuvimos tiempo de investigarlo en profundidad porque desapareció, pero puede que él sea parte de tu pesadilla. A veces es mejor estar sola, ¿sabés? Me dijo Jamie Lynn—casada hace quince años—.

 

Jamie está en lo cierto, pero sono single, si me sucede algo chau escritora, goodbye vacaciones en Grecia y definitivamente arrivederci a los videitos caseros canalizando los fantasmas del rock.

Las puertas y paredes de los edificios en Estados Unidos son de madera, una patada de Taekwondo y buen día mi amor. En pijamas y con mis libros de espiritualidad no llego ni al empujón para la corrida hacia la salida.

Sé que esta no es una excusa para tener pareja—sobretodo porque mis exnovios roncaban y a veces es peor que te asesine el insomnio que un extraterrestre—, ¿pero hasta cuándo la fortaleza interior quiere hacerme sentir orgullosa de mí misma? ¡Prueba superada! Estoy lista para el metro noventa y la acariciada en el pelo antes de dormirme.

 

—No quiero pincharte el globo, Ceci, pero la mayoría de las parejas que conozco duermen en habitaciones separadas porque roncan y se mueven mucho—insistió Jamie defendiendo mi estado civil hasta la llegada del nuevo Jesucristo.

 

Lo pedí consciente y sigo sola, si ya lo tengo que pedir sin motor prendido por las noches deséenme suerte. Podría ser peor igual, cómo mi tía que lo quiere virgen a los setenta y siete años. Claramente una mujer de fe.

A las tres de la mañana me levanté para tomar agua de los nervios de ser amenazada en mis sueños y pegué el grito de mi vida cuando me vi reflejada en el espejo olvidándome que estaba ahí.

Una noche agitada, de hacer el amor mejor ni hablar. Entiendo que la iluminación viene a través del celibato y el silencio, pero este planeta no está en condiciones de darme una lección de sabiduría interior en el medio de esta crisis. Más bien, llegó la hora de que aparezca un hombre en serio que me demuestre que me quiere de verdad sin tener que sentirse orgulloso por mandarme un mensaje de texto como ejemplo de su fortaleza.

 

—Cecile, el mundo está en sus últimas, ¿para qué querés un novio ahora? Lo único que falta es que te lo maten después de haberlo encontrado—me dijo Jamie sin filtro—Karma is a bitch! 

 

Mirá, ese karma en algún momento tiene que dar el giro, treinta años haciendo de psicóloga y remachando almas en peligro no puede ser en vano. No tengo drama de recibir mis elogios del otro lado, pero, ¿y mi casa frente al mar?

 

—Si te ponen un chip en el trasero con vigilancia veinticuatro horas te aseguro que no habrá rédito económico que te recompense con lo que verdaderamente te merecés: libertad. Por eso, Ceci, disfrutá de tu situación y en cuánto se abran las fronteras, viajemos—me aconsejó mi amiga guiada por el espíritu de las aerolíneas.

 

—Ni hablar, aunque quiero que sepas que el día que tenga mi casa frente al mar lo podés dejar a tu marido y mudarte conmigo. Planeo tener cuatro habitaciones y un perro. 

 

—Nena, no necesito tu invitación, ya me instalé cuando crearon los planos. Duermo en la pieza que da al oeste. Lo único que te pido es que por favor después de las siete de la tarde no empieces a mostrarme todos los videos de las sectas satánicas y sus objetivos. 

 

—Prometo intentarlo. A lo mejor para ese entonces el ser humano ya esté despierto y vivamos en el paraíso.

 

—Tratá de que no estemos muertas y que tu casa no esté sobre una colina en el edén—me dijo sarcásticamente. 

 

—Check, baby. Capaz que ni lo sabremos, mientras seamos felices. La ignorancia a veces es una bendición, mi querida Jamie.

 

—Felicidad es lo único que tengo, ahora nos faltan tus millones de dólares y un ramo de ajo contra los vampiros. 

 

—O un rosario budista, ya que la iglesia católica también está metida en esto.

 

—¿Y vos te querés casar? Pensalo bien. 

 

—Mi matrimonio será libre de curas. Si es que algún día sucede, claro.

 

—No sé si es peor el estado o la iglesia católica.

 

—Amiga, no sabemos si llegamos a fin de año y estamos debatiendo un marido potencial. Mejor focalicémosnos en hacer plata para liberarnos del  primer conflicto: ¡vivir en edificios hechos de madera!

 

Buenas noches para todos y que duerman lindo.

 

 

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