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Horóscopo pre apocalíptico 2020

Aries: increíble Aries, sos la luz que la medicina estuvo esperando. Te encerraste en el laboratorio de tu médico de cabecera mezclando la lavandina con el hidrógeno de carbono y pafate: salió la formula de hidroxicloroquina que está curando a los enfermos del COVID-19. Sos una bala Aries, una bala para robar prescripciones ajenas y lucirte por el mundo con la inteligencia de otros. Un ladrón sofisticado que está curando a la gente con el ingenio de científicos europeos que no tienen las herramientas de negociación que tenés vos. Cuidate Aries, tu destino oscila entre la cárcel y un hotel siete estrellas en la Islas Canarias. 

 

Tauro: el encierro de esta cuarentena hizo que clavaras los cuernos en todos los sillones de tu casa llenando la casa de goma espuma. Te cabreaste tanto con tu soledad que cuando te miraste en el espejo también te peleaste con vos mismo y hasta le pediste a tu otro yo que preferías tener el virus a estar adentro un día más. Le dijiste a tu reflejo que no soportabas no discutir con la gente y que si no hacías enojar a alguien pronto, te saldrías del horóscopo. Consejo: si sentís que te estás por quitar la vida por favor llamá al 911. No queremos ser los responsables de juntar tu cuerpo.

Aparición de testamentos

 

Con esto de la cuarentena me he sentido obligada a seguir ordenando mi vestidor, regalé tanta ropa en los últimos quince días que ya vestí a medio edificio. A pesar de que retiraron mis donaciones con mucho escrúpulo, han sabido seleccionar las mejores prendas dejando las feas criando hijos en el palier. Divinos mis vecinos, llenan las alfombras con pelos de sus mascotas pero se llevaron el pantalón de cuero más chulo de la colección.

No voy a pedir jurisprudencia en los tiempos que corren, ¿pero no habrá sido esta incongruencia lo que hizo que el virus se propague?

 

— Ceci, ¡basta con el virus! Me dijo una seguidora de mis escritos.

 

— ¿Ah sí? Entonces explicame, ¿cómo antes tu perro dormía en la cama con vos y ahora le rociás las patas con lavandina y lo hacés dormir en el balcón? No puedo parar de escribir sobre esto porque estoy acojonada de la incoherencia mundial. Si no lo hago, no quedará registro alguno sobre los hechos que las famosas vacunas de Bill Gates borraran de nuestra conciencia.

 

Encima hoy leí un testamento casero por las redes sociales; no solo que la gente piensa que va a morir, sino que además gestionan la distribución de sus riquezas a través de un video en YouTube. Somos una raza tan débil que en vez de buscar soluciones e informarnos de lo que verdaderamente está pasando, nos entregamos a planear nuestra muerte.

Y el puñetero sistema lo sabe, y se debe estar pegando la panzada de su vida con tanta previsibilidad. Por mi lado estoy tranquila; primero porque mi testamento lo escribí cuando tenía quince años, como verán, mi familia era mucho más complicada que este virus. Y segundo, no le temo a la muerte. Tomo mis precauciones, pero no le tengo miedo al miedo. Una técnica de los medios para infundir pánico y paralizarte: la repetición hasta el hartazgo. La reprogramación que los noticieros han logrado con esto de la pandemia, hasta mi madre duda de que soy su hija. Cualquier persona que mira y escucha algo sin parar durante mucho tiempo, se lo termina creyendo. 

Al estilo Santo Domingo

 

Con esto del virus no solo ha florecido el planeta Tierra, sino que ha nacido una nueva generación de jardineros y cocineros. Está todo el barrio con las tijeras de podar y la maquina de cortar el césped desde las ocho de la mañana. ¿Cuántas veces más querés enterrar la misma flor? 

La pobre vegetación ya no puede más con una camada de humanos aburridos de las noticias y el encierro. Ancianos trepados al pino del jardín, señoras jubiladas enterrando tulipanes, y algún padre de familia que no suelta la brocha y ya se pintó todo el frente de la casa. Lo que esta gente no sabe es que un asteroide está por golpear el globo terráqueo a una velocidad de 55,000 kilómetros por hora, y que es muy probable que esa tijera junto a todos nosotros, se vaya a la chingada.

Llegó el momento señores, ¡larguen los problemas ahora o llévenselos para siempre!

La buena noticia: es que hasta ahora se ha confirmado que el asteroide destruirá solo una ciudad entera—mucho menos daño de lo que hemos causado nosotros con el simple hecho de existir.

Mientras estaba calculando cuántos años más de vida me quedan en este sitio, me llamó nuevamente el Papi, mi vecino de Santo Domingo que vive en diagonal a mi ventana.

¿Es mucho pedir qué ese asteroide caiga en su terraza?

El COVID y sus consecuencias

En el último mes han bajado las tasas de infidelidad, la gente ha dejado de ser promiscua y yo tuve dos propuestas de matrimonio en un mismo día.

Mensaje para mi madre: por favor no te ilusiones, el ser humano no quiere morir solo y aparentemente mi perfil les aparece en primera plana junto con el índice de infectados.

Parece ser que este virus está limpiando el vicio de una especie en declive, aunque se limpia todo menos mi radiador—que está tirándome una cadena de divorciados y aburridos de estar solos para la segunda temporada de Lost. 

El problema empezó con la extensión de la cuarentena, pero el verdadero conflicto estalló cuando la NASA advirtió que el 11 de abril un asteroide chocará contra el planeta Tierra destruyendo a casi una ciudad entera.

¡Nos vamos a morir! Me dijo uno de los candidatos involucrados en la propuesta matrimonial, “y ya que estamos por desaparecer te lo voy a decir: ¿cuándo nos casamos?”. Una declaración virtual, treinta videos de tecnología 5G alterando nuestro ADN y una imagen de un microchip después, llegó la segunda pregunta: ¿Mar o montaña? Y después la tercera: ¿Con o sin votos? El señor, un amoroso la verdad, (ya que me lleva como quince años) pero su exmujer le puso nueve demandas cuando firmaron la separación oficial. No voy a decir que esto último fue su culpa, pero si no afilamos ese contrato puede que la que termine rodando por esa colina matrimonial sea yo. 

El cloro en los tiempos del COVID

Me levanté esta mañana y me dolía todo el cuerpo, ¿puede la vitamina C causar dolor intramuscular? Busqué el paquete y leí los efectos secundarios. Como mucho estaré publicando mi segundo libro desde el baño, pero de músculos, ni cerca. Después caminé hacia la cocina y me empezó a picar la garganta; ¡Coño! Es el polvillo de la yerba,—pensé— pero no podía parar de toser y después me mareé e inmediatamente me vinieron todas las imágenes de los noventa videos que vi en el último mes. La falta de respiradores en los hospitales, el murciélago de Wuhan aleteando sobre mi cabeza, la máscara que me hice con un pedazo de media vieja y no funcionó, un chino tomando sopa y desmayándose, la falta de alcohol en gel en las tiendas, mi estado civil que no acompaña en una epidemia, el duplicado de las llaves de mi departamento que nadie tiene, los cincuenta litros de agua tónica para prevenir el virus. Todo-junto-en-un-solo-cuadro: yo tirada en el piso tosiendo todas las historias que escribí hasta hoy. Siendo una persona apartada del terror mediático, caí en las garras de la maldita prensa amarilla y la paranoia de un censo en anfetaminas. Lograron surtir el efecto indicado: asustarme. Y eso que es difícil asustar a alguien que jamás recibió dinero del ratón Perez porque mis padres no registraban mis pérdidas dentarias.