Blog

Sociedad de cristal

“Para vos, lo peor, es la libertad” decía Luca Prodan en la canción Viejos Vinagres. Por supuesto que el cantante italoescocés, probablemente nunca supo que estaba dándole en el blanco.

Es a la libertad que la gente le teme, porque el ser humano no puede superar su elementalidad, de ahí es de donde surgen todos los conflictos viscerales de su miserable existencia.

Tan inflada como la enfermedad de saberse importante frente a los roles sociales que le toca jugar.

Cuando las cosas se ponen difíciles renuncian a su trabajo o se divorcian o abandonan a sus hijos o no le hablan más a sus familiares. 

Adictos al ego y campeones solemnes en no escuchar al espíritu, ya que cualquiera de estos desafíos impone una fortaleza no practicada por los siglos de los siglos.

No crean que me puse radical un sábado por la tarde, tiendo a vivir al margen de la decadencia social que me rodea, pero la escritura siempre ha sido un canal para reciclar la locura del mundo, tan lleno de superficialidades, que me hamaco solita hasta que se termine el show y me saque de encima esta película clase B.

No suelo promocionar mi ferocidad, pero 40 años de gira y seguir de casting, habla mucho de los resultados de una raza en extinción—una que prefiere comer vidrio antes que huir de la verdad.

Casada con el silencio y en disputa con la arbitrariedad actual.

God help me! Le digo a Jamie Lynn cada semana cuando voy atajando los obstáculos que llueven como zombies en un mal día, pisando cuidadosamente para no lastimar a la sociedad de cristal en la que vivimos.

Y ella, tan asquerosamente desencajada como yo, me dice: “Ceci, necesitamos mudarnos al medio de la nada, con un jardín que nos de de comer y un par de animales que nos ayuden con el ganado”.

 

—¿En qué estaba pensando cuándo estudié Comunicación Social y Periodismo? 

 

—En que deseabas profundamente sacar los trapos al sol en el medio de este caos—me dijo ella defendiendo mi patrimonio. 

 

—Sin tan solo. Ahora soy una pichi middle class abanicándome en la urbe esperando a que mi temprana jubilación me lleve a los alpes. 

 

—Llevame con vos, Ceci; mientras ordeñas las vacas yo preparo la cena, mi marido te restaura la casa que compraste en remate y somos todos felices.

 

—Mirá, no sé si el futuro me depara un compañero de vida, pero decime por favor que no voy a terminar conviviendo con el tuyo.

 

—Nena, al ritmo que vamos no vas a tener muchas opciones, los vakunados terminaran tromboseados y nosotros seremos los únicos sobrevivientes. 

 

—Puede que estes en lo cierto, la comunidad de “confiaron en su sistema inmune” al poder.

 

—Claro, pensalo así: una población que nunca usó bozal, que jamás miró televisión y se curó con remedios caseros y respirando aire puro. Una eminencia.

 

—Tan obvio que duele.

 

—Seremos la generación Narnia, tipo cruzamos a la 5ta dimensión por diferenciarnos de esta lacra.

 

—Amiga, esa palabra te aleja de la mujer índiga que aspiras ser.

 

—Pero es que eso no importa, acá lo único que vale es como yo me autoperciba, ¿y sabés como me veo?

 

—¿Cómo?

 

—Millonaria.

 

—Somos dos, cariño. Así que dejame que cierre esta charla para materializar en mi memoria como nos vamos a escapar de este sistema perverso, para crear una realidad paralela que nos aparte de la ignorancia del mundo.

 

Un beso en la frente y buen sábado para todos.

 

Ceci Castelli

 

Add comment


Security code
Refresh