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Mujer mirando el sudeste

El bozal o la empanada, es tu decisión—le dijo mi amigo a un vendedor de comida Argentina en Los Angeles.

La vendedora, habiéndolo apretado para que se pusiera el trapo en la cara a la hora de elegirlo como cliente, quedó chafada entre la tarta de zapallitos y la tira de asado. 

Como verán, la dictadura no es el problema, ese es el gatillo fácil del sistema para que sigamos las reglas. El verdadero dilema es la sumisión humana, que con tal de alimentar su estadío primitivo se ponen la vakuna en la sien y usan el bozal hasta el día de su entierro. 

Lamento darles la buena noticia de que ahora ni con la vacuna podrán viajar (serie Sputnik, episodio 4). 

Y se preguntaran, ¿y qué pasó con la empanada? Mi amigo se la llevó a la casa como souvenir de su libertad.

Don’t cry for me empanada se llevó el Globo de Oro y yo enterré mis oídos en su audio mientras contaba la historia.

Un detalle, mi amigo vive en California. Es cierto, la dictadura es mundial, con la diferencia que en otros sitios la gente se pone el trapo de vincha para jugar un single. Welcome to America!

Querido Atlántico: gracias por creer en el sistema inmune.

¿Les dije? Segunda mejor decisión de mi vida: haberme ido de California para mudarme a Florida. Si yo hubiera estado en el lugar de mi amigo, se la hubiera tirado por la cabeza, por eso es que lo quiero tanto, porque con su paciencia logró su objetivo. Yo con la mía los hubiera enviado a la cámara de gas. Para estas alturas sabrán que soy una mujer intensa, canalizo mi energía, pero jamás este delirio global. 

Cheers por la diferencia!

Ahora mi amiga Jamie Lynn tiene que mostrar un hisopado negativo para entrar al concierto de los Rolling Stones, que están tocando en Los Angeles mientras escribo esto.

¿Hisopado negativo para ver una banda de rock? 

¿Alguien puede imaginarse invirtiendo 250 dólares y un cotonete en la nariz antes de entrar a un recital?

Mick Jagger, jubilate. Porque estás haciendo cosas que exceden tus talentos.

Pero Jamie Lynn también tiene paciencia, y se hizo el hisopado.

Si fuera por mí, hubiera vendido las entradas en la puerta y hubiera colgado una bandera que dijera: Esclavitud Sanitaria.

Tal vez este sea mi problema, no poder tomarme las cosas a la ligera.

Y me vale madre quién toque, quién gobierne, quién se quiera casar conmigo, si no estás del lado de la verdad, estás del otro lado.

Si ni los músicos más reventados y rebeldes de la historia se impusieron a esta ridiculización intelectual, ¿qué podemos esperar del arte?

 

—Ceci, el arte está controlado por la misma gente que creó este genocidio—me dijo mi amigo Lisandro—¿O cómo te pensás que llegaron a la fama?

 

—Tenés razón, a lo mejor esto de no ser una escritora conocida habla bien de mí.

 

—Sin duda, cuando la cosa se hace viral, sospechá. Estos tipos controlan las audiencias, ¿sino por qué te pensás que tenemos tantos huérfanos emocionales? Fue un plan creado para el exterminio de la consciencia, baby. De hecho, la fama en sí misma, es un régimen siniestro.

 

Las palabras de Lisandro me lastimaron más que el episodio de la empanada. Pero tuve que admitir que tenía razón, parte de la decadencia de este siglo está relacionado con la materialidad, y venderte el éxito a toda costa es parte de la agenda. 

Creo que nunca me vi más cerca de la chacra sobre el río, ordeñando vacas, criando gallinas y aprendiendo horticultura como en esta época. Venta de CDS y tráfico de vakunas. ¿Será este mi futuro? ¿Lejos de la civilización, la radioactividad y la falta de compromiso social?

Muy probable, Jamie me dijo que si yo me compro una casa en el campo ella se toma un curso de agricultura y me sigue.

Tiene que ser la hostia aprender a plantar pepinos, cosechar la siembra y encerrar a todas las ovejas en un mismo sitio. Porque el rebaño es tan predecible, que no me hará falta mucho para que hagan todo lo que yo les diga. 

 

Un beso en la frente y buen domingo para todos.

 

Ceci Castelli

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