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Florida My Heart

 

Quisiera tener la habilidad para resumir mi primer mes de vida en Florida. Ya que venir del cementerio alegre de California, es haber habitado la muerte sin haber partido, no sé si me explico. 

Poder verle la cara a la gente, entrar a los supermercados sin bozal y manejar sin tener de vecinos a un conductor con doble máscara, ha sido una verdadera revolución. 

La sociedad se ha idiotizado tanto que lo obvio se ha transformado en un puñetero hallazgo, y el pensamiento crítico una pieza arqueológica que me ha dejado en extinción con un 20% de guerreros que acudimos a miradas cómplices cuando nos saludamos de camino a la playa.

¡Olé Florida! O cheers o salud o lo que quieras. Estoy borracha de alegría de vivir en una ciudad que festeja la libertad, donde su lei motiv es juntarse con amigos a comer, tomar y manejar rápido. Un sitio donde la mitad de la población no terminó su carrera universitaria, manteniendo el cerebro intacto de la lobotomía del adoctrinamiento. 

¿Sigo con los festejos? Gente a 2 centímetros de distancia, ignorando el delirio de la programación fascista, fumando cigarrillos y en moto sin casco.

 

—Ceci, eso nunca puede ser algo bueno—me dijo mi amiga Jamie Lynn, mientras yo celebraba a los motoqueros. 

 

Lo que esta generación no sabe, es que la coherencia ya se perdió hace rato, entonces ahora la batalla es entre los rebeldes y los esclavos. 

No pidan seguridad, equilibrio, conciencia y transgresión en una misma persona. Tengo la suerte de que todavía quedó un pedacito de tierra norteamericana sin contaminar con los malditos zombies.

Bueno, según mi hermana los zombies ya están entre nosotros, y se llaman vacunados. 

Joder, ahora también se agregó esto a mi lista de citas: no vacunados. 

¿Alguien por favor me puede explicar por qué sigo en este planeta?

 

Primera fase: atajando casados infieles.

Segunda fase: atajando poliamorosos. 

Tercera fase: vacunados por una gripe. Segunda dosis y todo.

 

Shoot me! Confirmo que esta señora de 90 años que tengo atrapada adentro no me da tregua, y francamente, NO LA CULPO.

Modelo tradicional te llevo hasta el crematorio. Ok, ok, espolvoreemos un poco con espíritu libre para que los “abiertos de mente” no se piensen que una mujer de los años cincuenta le va a robar protagonismo a las mujeres que le pagan a un hombre. 

¿Por qué a eso hemos llegado, no? La gracia divina de la igualdad.

Donde la mujer le cambia la rueda al auto y el hombre se afeita el pecho. 

Bárbaro, ya que está arranquemos la masculinidad de tiro, así la lucha es solo entre la gente de poder—ya que los soldados serán figuras retóricas de un pasado civil desobediente.

Me acuerdo la llorada de las madres de la Plaza de Mayo en Argentina. Tanta gente que mataron en la dictadura de los setenta que siguen existiendo los pañuelos blancos mientras que en esta dictadura sanitaria ha muerto mucho más gente de hambre, pobreza y secuestros como en ningún otro momento de la historia.

Pero hoy no voy a pedir memoria, ya que la sociedad tiende a acordarse más de las aventuras del Che Guevara que de la Constitución. 

Hoy me reclino en mi silla frente al mar y cuento mis bendiciones a un Dios que existe para que el narcisismo de creernos omnipresentes se desvanezca frente a la grandeza de un amor que está a nuestro servicio.

Aunque ese amor haya querido ser destruido por nuestra civilización una y mil veces, la verdad siempre triunfará—aunque la falta de autoestima de los malditos demócratas siga tirando palos en la rueda.

 

A mis queridos guerreros que me leen hasta el final.

 

Ceci Castelli

 

 

 

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