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Vacunación compulsiva

 

Los tecnócratas de Silicon Valley están por correr a ponerse la vacuna, ¡y menos mal! Alguien tiene que morir en nombre de la ciencia. La ciencia que favorece a un tipo como Bill Hates a reducir la población y a infertilizar las mujeres para que dejen de tener hijos. O mejor dicho, para que se queden embarazadas y después aborten entregando los fetos a P l a n  P a r e n t h o o d. Tantas cremas hechas de residuos de bebés asesinados que me cuesta creer que estos graduados de Stanford no analicen los componentes que estos productos tienen, pero sí saben como desactivar una bomba atómica y hackear el Pentágono. Esto es lo que pasa cuando una vida tiene menos valor que un algoritmo. 

Una deshumanización que se tira ocho horas codificando pero no saben qué componentes tiene la vacuna que se están por chutar por una gripe. Francamente, tienen que empezar a desaparecer, y tal vez este sea el camino: graduarse de Ingeniero de Sistemas y colaborar para la destrucción del alma y el sentido crítico.

Be my guest! Tantos años estudiando fórmulas, partículas, energía solar, células fotovoltaicas; llegando a construir autos que vuelan y tratamientos in vitro, pero no tienen una puñetera idea de cómo confiar en el sistema inmunológico y de cómo comer sano para que el gobierno no los intoxique con sus planes. El socialismo de la educación elitista, donde los alumnos pagan una fortuna porque el curriculum académico arrase con la consciencia, el sentido común y el pensamiento crítico.

Ah pero después las clases de Yoga están petadas de narcisistas que trabajan en Google y comen ensaladas veganas. 

Estos tecnócratas son tan mainstream que creen llevar una vida equilibrada porque trabajan para una compañía “innovadora” y practican asana tres veces por semana. Acompañado por el New York Times y el brunch del domingo. Eso sí, mientras tanto, el 25% de la población mundial vive bajo la pobreza absoluta, más de la mitad de los negocios fundidos por este genocidio y un aumento de suicidios debido al aislamiento compulsivo por parte de los poderes gubernamentales.

¡Pero guarda! La vacuna no será obligatoria—dicen las organizaciones mundiales de la salud—eso sí, no podrás viajar o entrar al supermercado o ir al gimnasio. We got you.

La ecuación es muy simple: si no estás haciendo NADA para defender tus derechos, sos parte del problema. Un problema llamado rata de laboratorio. En donde te pinchan, te sobrealimentan, te explotan, te manipulan, te controlan y te hacen creer que es por tu bien.

Un sistema político que te cobra por adoctrinarte y te obliga a seguir sus reglas sanitarias, no te está cuidando adorable zombie, está pasando por encima de la constitución y te está arrancando lo último que te queda para que seas libre. Pero mientras tanto vos te ponés el bozal y cedes el poco valor propio que te quedó de la reminiscencia de una vida soñada. 

Defendiendo tu programación con diplomas de universidades prestigiosas que lo único que han hecho es dedicarse a la lobotomía de un M K Ultra en aspirinetas. 

Maldita plaga de borregos inconscientes repitiendo “quedate en casa” mientras hay gente tirándose de los balcones. Y yo que pensaba que la soledad del confinamiento los iba a liquidar, ¿desde cuándo la falta de amor se duplica sin procrear?

No sé a dónde terminaremos, pero cuando yo nací, mi espíritu decidió ser uno guerrero , y si esto implica una marginación por parte del sistema, nos vemos en el campo de batalla. 

 

¡Por la libertad!

 

Ceci Castelli

 

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