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Discriminación financiada

Discriminación financiada 

 

Siempre pensé que a esta altura del campeonato iba a estar a estar trabajando para un medio reconocido; maquilladora personal a mi derecha, chef a mi izquierda y un patrocinador que se encargara de todos los gastos de mi casa frente al mar. En cambio, me encuentro en mi departamento alquilado de la calle Chestnut, trabajando freelance y dando cursos de cómo preparar  c l o r i t o  de  s o d i o  casero: la cura del futuro. ¿Ah no les dije? Firmé por la libertad, y el Universo no se equivoca cuando elige tu puesto en el mundo. En malinterpretar la energía planetaria nuestra especie se ha programado para creer que la abundancia económica es sinónimo de esclavitud laboral, por eso hay tantas confusiones al respecto. No es casualidad que el sistema haya creado este caos, tanto en lo económico como en lo social hay claramente una brecha. El lema es un poco así: el vago cobra sin trabajar y el trabajador mantiene a los vagos. Esto aplica para los géneros también: el hombre sigue cobrando un 18% más qué la mujer, ¿culpa del hombre? No, culpa del sistema.

La estrategia tan bien utilizada por el marketing pionero de la destrucción de nuestra raza siempre parece ir de a tres: B L A C K  L I V E S  M A T T E R, N I  U N A  M E N O S,  Q U E D A T E  E N  C A S A,  L O V E  I S  L O V E,  M A C H E TE  A L  M A C H O T E,  y puedo continuar hasta el infinito con la discriminación, el racialismo, la diferencia de géneros y todo lo que nos distingue por ser diversos, no distintos. 

Soy mujer, sé lo que se siente haber observado a la historia y ver años de opresión y falta de participación por no ser un hombre, pero también soy consciente de que esa guerra no fue por culpa de todos los hombres del planeta, sino por algunos que hasta el día de hoy gobiernan el mundo. Una minoría que nos ha manejado para que de alguna manera siempre estemos separados. Sea por tener diferentes órganos sexuales, diferente color de piel, diferente clase económica o diferentes posturas políticas. La meta siempre ha sido generar división, y la sociedad—tan obsoleta a la hora de hacer sus investigaciones—sigue reclamando por una inclusión cuando sus pares no son los responsables del causante de todas estas separaciones. Si para que me valoren como mujer tengo que salir a la calle semidesnuda y tratar al hombre como un ser inferior, entonces el problema no es el feminismo, sino la falta de amor propio y el escaso criterio a la hora de juzgar 3388 millones de hombres. En todo caso, nosotras hemos sido responsables de aceptar (y muchas de criar) la manipulación o maltrato por parte del sexo opuesto. 

Muy pocos hombres me han faltado el respeto, porque cuando lo hicieron, se terminó toda relación. Y cuando di con grupos de hombres primitivos activados por sus pulsiones y no por su evolución, no di lugar a que participaran en mi vida. No me puse a pelear con ellos porque no me considero mejor ni peor, simplemente me corrí, como cuando me corro de personas tóxicas más allá del género.

Sí, el patriarcado lamentablemente sigue existiendo, pero los dos sexos somos responsables de este experimento social. La mujer por no haberse valorado y el hombre por haber abusado de esta debilidad. 

Somos todos víctimas y por eso no podemos superar este patrón. 

Si decidiéramos ser independientes y fuertes más allá del estado civil, la religión, la nacionalidad, el ingreso económico y el sexo, seríamos una raza unida. Son las diferencias que no podemos aceptar las que nos mantienen esclavos de nuestra propia humanidad. Y lamentablemente mucho de estos prejuicios fueron sembrados por un sistema que nos quiere enfermos, separados, resentidos y enemistados. 

No tengo que salir a la calle a defender a los homosexuales o a los negros, porque para mí somos todos iguales, y el que no lo vea así en verdad es su problema. Si terminamos convirtiendo el problema de los demás en propio, entonces nunca podremos aportar una ayuda genuina, ya que nos transformaríamos en parte del conflicto en vez de la solución. 

Jamás me haré responsable por la gente que discrimina—sea por género o por color de piel—, primero porque no creo que sean mayoría y segundo porque al hacerme responsable de su discriminación le doy más poder. 

No alimento predadores energéticos y no tengo tiempo para participar en batallas sin guerreros. 

Estoy del lado de la consciencia, la evolución y el despertar humano, todo lo demás es un circo de animales cansados que se pelean entre sí.

 

Buen viernes para todos.

 

(El plagio es delito, si vas a compartir mi obra que por favor aparezca mi nombre al final del relato. Gracias).

 

Ceci Castelli

 

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