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California vs Florida

 

A 6 días de irme de la ciudad con la que estuve casada 10 años, están por sacar el pasaporte sanitario. Good job California! Te graduaste en ser el estado con más cirujas de EE.UU, en tener los impuestos más altos del país y ahora te lucís en la carpeta roja con esta estupidez a prueba de demócratas. Te mereces ese famoso terremoto que dejará tus casas de 4 millones de dólares en la ruina.

 

—Ceci, no hablés así de un lugar donde fuiste tan feliz—me dijo mi mamá conmemorando mi love affaire con San Francisco.

 

Es cierto, nunca hay que hablar mal de un ex novio, pero solo Dios, mi escritura y esta farsa que estamos viviendo saben lo que me cuesta quedarme callada frente a una injusticia. Para todo lo demás existe David. David es el mesías que me llevó el auto hasta el coño de cosas para Florida.

Turco, dueño de un trailer para transportar autos por todo Estados Unidos. 

Mi Amiga Anita me dijo que esta empresa me dejaba cargar el auto de trastos, pero nunca pensaron que esta jugada de Tetris les saldría tan cara. Soy argentina, trato de explotar mi crianza al máximo. Si todo va a salir de un solo bolsillo, que sea bien canalizado. 

Por supuesto que previendo el susto del caballero al ver la nave a punto de toser papel higiénico, ollas, coladores, zapatos, canastos y una guitarra, tuve la agraciada idea de comprarle la cena antes de que me saludara.

El único problema fue que al llegar, no me pudo ver la cara porque el nórdico y la alfombra me tapaban la caradurez de una chica ahorrando para su jubilación detrás del volante.

 

—Eso más que un auto es una casa rodante—me dijo el turco mientras mis nervios ponían el freno de mano desacomodando un taco para sacar el brazo del manubrio.

 

No solo le de mi auto, sino 10 años de historia comprimidos hasta el techo a punto de hacer unos fideos con salsa con mis elementos.

Lentejas, harina de almendra, shampoo, crema enjuague, sacos, tapados, plantas, libros, medicamentos, cuadros y hasta la estatuilla de la virgencita de Medjugorge—no vaya a ser que los demócratas me echen una maldición de último momento.

Al mostrar mi falso interés por su trailer recién comprado, tuve que chutarme 3 videos de YouTube, un paseo por la cabina del trailer y una media hora escuchándolo a David hablar de que manejar este camión es su sueño. ¿No deberíamos todos amar nuestros trabajos?

Ponele, pero este planeta es una purga, y creemos que sobrevivir es un puñetero milagro, como nos creemos la narrativa que los medios no venden, vivimos privándonos de nuestro potencial dandole fuerza a todo lo que no venga de nosotros mismos. Unos esclavos adorables reprimiendo nuestra creatividad e intención para entregar nuestra fuerza a cualquier poder externo que nos amenace con desaparecer.

 

—Pero Ce, ¿cómo que te vas de California? ¡Es hermoso este lugar! Exclamó el empleado del negocio de golosinas que alimentó mi angustia oral desde que empezó la plandemia.

 

—Chris, hace un año que estás trabajando con un bozal puesto, explícame que tiene de lindo eso, y por favor no me digas que te vacunaste porque te tiro con una Oreo bañada en chocolate.

 

El debate duró media hora, terminando el desenlace con un: “el mundo entero está con bozal puesto”. Claro, pero California obedece porque se la cree, el resto del mundo no.

Y francamente, no puedo habitar más una región tan empobrecida espiritualmente, probablemente Florida también lo sea, pero al menos es rebelde, that’s my people!

David me saludó desde su inversión de 350.000 dólares y le dije: “¡Nos vemos en la costa este!” Land of the free!

Estaré más cerca de Europa y de Argentina, a una cuadra del mar y rodeada de gente que no le teme a una gripe.

 

¡Nos vemos en Las Olas Blvd! 

 

 

Ceci Castelli

 

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