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Doble push-up

Hoy, 4 de Julio del 2019 es mi aniversario. Y para una cultura zapping como es la nuestra, estar 8 años comprometida con una ciudad como San Francisco habla mucho más de mi capacidad de no haber encontrado el hombre para mí aún, que del amor que nos tenemos entre sí.

Lo que sí hemos encontrado es un brillante círculo de amigos que nos acompañan hasta que la cena para uno nos separe.

Como aparentemente Estados Unidos también festeja mi llegada a éste país, han decidido declararlo feriado, así que en esta oportunidad fuimos a un evento en Silicon Valley a codearnos con la Europa que nos habita. 

Porque no sé si les dije, pero los argentinos nos creemos europeos, unos gauchos finos que tiramos el poncho y las boleadoras ni bien cruzamos la frontera, pero finos al fin.  

Al llegar al parque Valentina y yo nos miramos pensando que qué habíamos hecho mal que no estábamos embarazadas, porque al parecer… la procreación se ha puesto de moda en nuestro lugar de esparcimiento también. 

No entiendo, ¿no existe otra realidad que no sea la del esperma fecundando al óvulo?

Entre las mujeres embarazadas, los niños corriendo y los maridos asando chorizos en la parrilla le plantee a Valen que nos mudemos a Estocolmo, donde la tasa de natalidad es más baja y las posibilidades de que una criatura me pise 7 veces el mismo pie sea casi nula. 

A punto de perder la esperanza, el respeto y el amor por mi patria, después de una hora empezaron a caer todos los potros salvajes…y yo enseguida agarré el pincho simulando tirar carnes a las brasas desmedidamente.

Los daba vuelta con mi pinza imaginaria diciendo: éste lo quiero más madurito, éste tostado en los sentimientos, éste otro quemado directamente y al bote de la basura. 

Pasaban los dominicanos y hacían su desfile de macho alfa, pasaban los franceses y nos daban un discurso fino, exquisito e indescifrable, y por último pasaron los españoles. Bueno, en realidad solo uno en particular: San Andrés. De Tauro, empezamos bien. Divorciado hace dos meses, terminamos mal. Sin hijos, vamos repuntando. Ex mujer, asiática. Irremontable. Por favor quiero que sepan que no tengo absolutamente NADA contra ninguna cultura, pero estoy francamente hasta zorra de que todos los hombres en San Francisco elijan a las asiáticas. Mi grupo de amigas y yo necesitamos saber CUAL es el enigma.

¿Sumisas y tímidas? ¿Buenas en la cama y en la cocina? 

 

— Ceci, no enfurezcas, nosotras tenemos otros atributos, me dijo Valen sacando su costado competitivo.

 

— ¿Cómo cuáles? ¿El no poder estar calladas cuándo vemos una injusticia?

 

Yo entiendo, ésta pinche raza la deja pasar, pero psicológicamente hablando… lo que se deja pasar sin ser un yogui, se acumula, y después se les va la vaina y terminan prendiendo fuego la casa.

 

— De cero a mil, nena. ¿Y por ésto nos cambian? 

 

San Andrés nos observaba atentamente— de seguro reconsiderando su divorcio y listo para sacar maíz de su bolso y darle de comer a las gallinas que no paraban de cacarear.

Sensible, considerado, amable y con un solo problemita…haber dado con las mujeres más inteligentes del evento— o eso pensaba nuestro ego, mientras acariciábamos el tiempo libre de no criar a un hijo y ocuparlo en psicoanalizar a los pocos hombres solteros disponibles.

 

— ¿Sabés que Ceci?, creo que tu problema es que tenes que comprarte un push-up, en Victoria Secret están en liquidación, me dijo Irene soltando la paloma escondida que venía con un mensaje desconsolador. 

 

— ¿En serio? (Bajando la cabeza y mirándome a mi misma por primera vez) yo me creí que con el alma era suficiente.

 

— Ce, todo entra por los ojos primero. En realidad en tu caso te recomendaría el doble push-up.

 

— A ver Ire, las asiáticas están peor que yo y no salen a comprarse brasiers, ¿eh?

 

— Claro, pero ellas no hablan, ¿no te das cuenta qué una mujer que no habla le hace sentir al hombre poder absoluto? Es siempre lo mismo nena, el ego! 

 

Irene tenía razón—aunque muchos otros hombres no vivan así—en un planeta tan involucionarlo como éste, perder el “control” es una amenaza. 

Por supuesto que ésto último no lo dijimos adelante de San Andrés, directamente nos hicimos amigas de él y tenemos la esperanza de que con el tiempo no vuelva a elegir a una asiática.

Dedos cruzados por que no le gusten los desafíos y termine con una norteamericana de padres vietnamitas. 

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